Sirios presentan denuncias por la apropiación de viviendas y el desalojo arbitrario de sus propietarios en Damasco y sus alrededores

Desde las viviendas del centro de Damasco hasta las lujosas villas de Al-Malki, desde las tierras en disputa en Qudsaya hasta los barrios destruidos de Jobar y Al-Qaboun, la pérdida de propiedades se ha convertido en una grave preocupación para los civiles sirios, los empresarios y los expatriados. Mientras el país avanza hacia la reconstrucción, sigue planteándose una pregunta fundamental: ¿quién protege los derechos de las personas a las que les arrebatan sus viviendas y tierras?
1. Viviendas de civiles en el centro de Damasco: familias obligadas a marcharse
En el centro de Damasco, informes de residentes describen casos en los que familias fueron obligadas a abandonar sus viviendas por miembros armados vinculados a Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y a estructuras de seguridad dependientes de ella. La justificación presentada en estos casos es que las propiedades son necesarias por motivos militares o de seguridad.
Para las familias que han pasado años construyendo sus vidas en estas viviendas, recibir órdenes de abandonarlas significa perder mucho más que un techo. Significa perder la privacidad, la seguridad, las pertenencias personales y la certeza de poder regresar a sus propiedades privadas.
El uso de justificaciones militares o de seguridad no elimina la necesidad de contar con una base jurídica, procedimientos claros y protección de los bienes civiles. Una vivienda no puede quedar disponible para su ocupación simplemente porque unos miembros armados hayan decidido utilizarla.
Cuando se toman el control de las viviendas, las autoridades deben determinar la base jurídica de su ocupación, hacer públicas las decisiones pertinentes y garantizar que los residentes originales puedan impugnar dichas decisiones y recuperar el acceso a sus hogares siempre que la ocupación no esté jurídicamente justificada.
Los afectados merecen respuestas claras: ¿quién ordenó que se marcharan? ¿En virtud de qué autoridad legal? ¿Hasta cuándo se prolongará la ocupación? ¿Quién es responsable de sus pertenencias personales y de cualquier daño causado a sus viviendas? ¿Cuándo se les permitirá regresar?
No se trata de simples cuestiones administrativas, sino del derecho fundamental de los civiles a vivir seguros en sus hogares.
2. Al-Malki: villas y viviendas pertenecientes a personas que ya no están presentes
La situación en Al-Malki, uno de los barrios residenciales más destacados de Damasco, suscita otra grave preocupación relacionada con el destino de las villas y viviendas pertenecientes a personas que han sido asesinadas, detenidas u obligadas a abandonar Siria.
La información que circula sobre las propiedades del barrio apunta a la preocupación de que algunas viviendas hayan quedado bajo el control de figuras influyentes o de personas vinculadas a las nuevas autoridades. Las circunstancias que rodean cada propiedad deben examinarse mediante los registros de propiedad y otras pruebas disponibles, pero la cuestión fundamental está clara: la ausencia del propietario nunca debe convertirse en una oportunidad para apropiarse de su vivienda.
Cuando el propietario de un inmueble es asesinado, la propiedad no queda automáticamente sin dueño. Los derechos legales de los herederos siguen vigentes. Cuando el propietario es detenido, su detención no transfiere por sí misma la propiedad. Y cuando una familia huye del país para escapar del peligro, su vivienda no pasa a ser propiedad de quien la ocupa.
Los mismos principios se aplican a los empresarios cuyo éxito comercial les permitió comprar villas, viviendas, locales comerciales y terrenos. La riqueza o la actividad empresarial no privan a una persona de su derecho a la protección legal. Asimismo, los cambios políticos no deben dar lugar a un sistema en el que los derechos de propiedad dependan de las relaciones, la influencia o la capacidad de acceder a la fuerza armada.
Cada propiedad en disputa en Al-Malki debe ser revisada mediante un proceso transparente. Los documentos de propiedad deben protegerse, las transferencias de titularidad deben examinarse y cualquier ocupación ilegal debe abordarse conforme a la ley. Si se demuestra que una propiedad ha sido apropiada ilegalmente, los propietarios legítimos o sus herederos deben disponer de un medio efectivo para recuperarla.
3. Civiles, empresarios y expatriados: abandonar Siria no significa renunciar a la vivienda
Millones de sirios han sufrido desplazamientos, emigración, detenciones de familiares o la pérdida de seres queridos durante los años del conflicto. Muchos dejaron atrás viviendas, locales comerciales, oficinas, almacenes y tierras agrícolas.
Para los expatriados, el desafío es especialmente difícil. Pueden encontrarse a miles de kilómetros de distancia, sin poder acudir a las oficinas gubernamentales, vigilar sus propiedades o responder rápidamente cuando surge una disputa. Algunas familias también afrontan dificultades relacionadas con documentos perdidos, poderes legales impugnados e incertidumbre sobre la situación de los inmuebles que dejaron atrás.
Una propiedad puede representar el resultado de décadas de trabajo y ahorro. Un local comercial puede ser el sustento de toda una familia. Una vivienda puede ser una herencia transmitida durante varias generaciones. Estos bienes no deben tratarse como abandonados simplemente porque sus propietarios ya no estén presentes.
La protección de los derechos de propiedad requiere registros inmobiliarios de fácil acceso, documentos de propiedad fiables, procedimientos transparentes para verificar las transacciones y la posibilidad de impugnar documentos o transferencias de titularidad que posiblemente se hayan obtenido de forma ilegal.
También deben protegerse los derechos de los herederos de los propietarios fallecidos. Las familias deben poder demostrar sus derechos hereditarios y solicitar recursos legales sin intimidación ni obstáculos administrativos innecesarios.
El desplazamiento no es consentimiento. La detención no es una transferencia de propiedad. El exilio no es una renuncia a los bienes.
4. Qudsaya: tierras, expropiaciones y la lucha por una indemnización justa
En Qudsaya, en la zona rural de Damasco, las disputas relacionadas con las tierras y las indemnizaciones han puesto de relieve la relación entre los propietarios y los proyectos de desarrollo.
En septiembre de 2026, las protestas y reclamaciones relacionadas con terrenos vinculados a los proyectos Abiat Hills y Sham View llamaron la atención sobre cuestiones relativas a los derechos de los propietarios originales de las tierras, las decisiones de expropiación anteriores y los acuerdos de indemnización relacionados con el desarrollo.
Algunos propietarios de tierras han tratado de aclarar la situación de sus propiedades y determinar si la indemnización que recibieron o se les ofreció refleja sus derechos legales. Las autoridades también han señalado la necesidad de revisar los registros individuales y la base jurídica de cada caso.
Una solución requiere algo más que garantías generales. Los propietarios necesitan poder acceder a los documentos pertinentes, recibir una explicación clara de cómo se adquirieron sus tierras y conocer de forma transparente cómo se calcularon las indemnizaciones.
Los proyectos de desarrollo pueden contribuir a proporcionar viviendas y a la recuperación económica, pero la inversión no puede sustituir al debido proceso legal. Si la expropiación es legal, deben respetarse las obligaciones de indemnización aplicables. Si la decisión o la operación es ilegal, los propietarios afectados deben tener la posibilidad de recurrir a un recurso legal justo.
Las tierras no deben incluirse en acuerdos de desarrollo irreversibles mientras sigan sin resolverse cuestiones fundamentales relacionadas con la propiedad.
5. Jobar y Al-Qaboun: la reconstrucción debe proteger a los propietarios originales de las tierras
Jobar y Al-Qaboun se encuentran entre las zonas de Damasco cuyo futuro está estrechamente vinculado a la reconstrucción. Años de destrucción han dejado a los residentes ante edificios dañados, registros de propiedad inciertos y decisiones difíciles sobre la posibilidad de regresar y las condiciones para hacerlo.
Para muchas familias, el terreno sobre el que se levanta una vivienda destruida sigue siendo su propiedad más importante. La destrucción del edificio no anula, por sí misma, los derechos de propiedad vinculados al terreno.
Los acuerdos de reurbanización propuestos han suscitado preocupación sobre cómo se distribuirán las participaciones en los terrenos y los futuros edificios entre los propietarios originales y los inversores. Los propietarios necesitan saber qué recibirán, cómo se valorarán los inmuebles, qué obligaciones deberán asumir y si podrán rechazar o impugnar las condiciones que consideren injustas.
La reconstrucción requiere recursos financieros y conocimientos técnicos. Sin embargo, estas necesidades no justifican marginar a las personas cuyas tierras constituyen la base de estos proyectos.
Un proceso de reconstrucción justo debe incluir lo siguiente:
- Una identificación clara de los propietarios originales de las tierras y de los herederos.
- La publicación transparente de los planes de desarrollo y de los acuerdos de propiedad.
- Valoraciones inmobiliarias independientes y cálculos claros y comprensibles de las indemnizaciones.
- Consultas efectivas con los residentes antes de tomar decisiones definitivas.
- Acceso a asesoramiento jurídico independiente y un mecanismo para impugnar las decisiones.
- Protección frente a la transferencia de titularidad o la reurbanización de terrenos en disputa antes de resolver las cuestiones fundamentales relacionadas con la propiedad.
El futuro de Jobar y Al-Qaboun no debe ser determinado únicamente por los inversores o las autoridades administrativas. Las personas que poseían las tierras antes de la guerra deben seguir ocupando un lugar central en las decisiones que afectan a sus propiedades y a su capacidad para regresar.
6. Tierras agrícolas e inmuebles fuera de Damasco
El problema va mucho más allá de los barrios residenciales y de las propiedades de lujo. Las tierras agrícolas son esenciales para los medios de vida de las familias en distintas partes de Siria.
En algunas zonas del norte de Siria, los informes sobre la ocupación de tierras y las restricciones al acceso de los propietarios a sus campos han suscitado preocupación por la seguridad de la propiedad privada. Cuando se impide a los agricultores cultivar sus tierras, pierden sus ingresos, sus cosechas y su capacidad para mantener a sus familias.
Un campo no es simplemente un activo financiero, sino que puede ser el fruto del trabajo de varias generaciones y sus ingresos pueden constituir el sustento de toda una familia.
Por ello, la protección de la propiedad debe incluir el acceso efectivo a la tierra, y no limitarse a la existencia de un documento en el registro inmobiliario. Las autoridades deben abordar las ocupaciones ilegales, las amenazas y las injerencias en los derechos legítimos de propiedad, garantizando al mismo tiempo que las reclamaciones contrapuestas se resuelvan mediante procedimientos imparciales.
El mismo principio se aplica a las viviendas, los locales comerciales y los inmuebles destinados a actividades empresariales en toda Siria. Nadie debería verse obligado a depender de la influencia personal o de la protección armada para recuperar el acceso a una propiedad que le pertenece legalmente.
7. Cuando la seguridad y la inversión se convierten en justificaciones para apropiarse de propiedades
Dos justificaciones aparecen repetidamente en las disputas inmobiliarias: las necesidades de seguridad y las necesidades de desarrollo.
En ocasiones, las autoridades de seguridad pueden tener motivos legales para imponer restricciones temporales o utilizar determinados inmuebles. Sin embargo, estas medidas deben basarse en un fundamento jurídico sólido y mantenerse dentro de los límites establecidos por la legislación aplicable. No deben convertirse en un medio para privar permanentemente a los civiles de sus viviendas sin respetar el debido proceso legal.
Del mismo modo, la reconstrucción y la inversión pueden servir a fines públicos legítimos, pero deben respetar los derechos de propiedad y los requisitos de indemnización aplicables. Un proyecto de desarrollo no debe convertir una propiedad en disputa en un activo comercial irreversible antes de que los derechos de sus propietarios originales hayan sido examinados de manera justa.
La distinción fundamental consiste en diferenciar entre una medida legalmente autorizada y una apropiación ejecutada mediante el poder o la fuerza. La primera debe estar sujeta a garantías legales y revisión; la segunda requiere investigación, rendición de cuentas y la provisión de recursos adecuados cuando se demuestre que ha ocurrido.
8. ¿Qué debe hacerse para proteger a los propietarios en Siria?
Restablecer la confianza en los derechos de propiedad requiere medidas concretas.
Primero, investigar los casos de desalojo forzoso. Deben examinarse las denuncias de los residentes del centro de Damasco, incluidos los motivos alegados para obligarlos a marcharse, la base jurídica de la ocupación y las condiciones en las que podrán regresar.
Segundo, revisar las propiedades en disputa en Al-Malki. Deben examinarse los registros de propiedad, los documentos de herencia y las circunstancias que rodean los cambios en la posesión de los inmuebles, especialmente cuando los propietarios han fallecido, han sido detenidos o han abandonado el país.
Tercero, proteger a los propietarios desplazados y expatriados. Deben establecerse procedimientos accesibles que permitan presentar reclamaciones desde el extranjero e impidan que la ausencia se considere una renuncia a la propiedad.
Cuarto, hacer transparentes las decisiones sobre las tierras y la reconstrucción. Deben publicarse la base jurídica de las expropiaciones, las normas de indemnización pertinentes y los acuerdos de propiedad de los proyectos de Qudsaya, Jobar y Al-Qaboun.
Quinto, proteger las propiedades mientras se investigan las disputas. Cuando esté jurídicamente justificado, deben aplicarse garantías que impidan transferencias de titularidad, demoliciones o reurbanizaciones que puedan socavar la decisión definitiva sobre la propiedad.
Sexto, proporcionar recursos legales efectivos. Los propietarios y herederos deben poder impugnar las transacciones controvertidas, reclamar la restitución de sus propiedades cuando esté jurídicamente justificada y solicitar una indemnización cuando corresponda.
Séptimo, garantizar la rendición de cuentas. Cuando las investigaciones demuestren que se ha producido una ocupación ilegal, coacción, falsificación de documentos o abuso de autoridad, las personas responsables deben someterse a procedimientos legales justos, independientemente de sus cargos o relaciones.
Conclusión: Siria no puede reconstruir su futuro ignorando los derechos de propiedad
El futuro de Siria no depende únicamente de reconstruir carreteras, viviendas y barrios comerciales, sino también de restablecer la confianza de la población en que sus derechos serán respetados.
Las preocupaciones relacionadas con las viviendas del centro de Damasco, las villas de Al-Malki, las tierras de Qudsaya y la reconstrucción de Jobar y Al-Qaboun apuntan todas a la misma cuestión fundamental: los derechos de propiedad deben protegerse mediante leyes e instituciones transparentes, en lugar de dejarlos a merced de la fuerza, la influencia o la capacidad de una persona para permanecer físicamente presente.
Las familias desplazadas, las personas cuyos familiares han fallecido o han sido detenidos, los empresarios que han abandonado el país y los residentes que buscan regresar a sus barrios merecen todos procedimientos justos para proteger sus propiedades.
La solución no consiste en condenar a personas sin pruebas ni en dejar sin respuesta las denuncias graves. Consiste en investigar, determinar la titularidad, proteger los bienes en disputa, proporcionar recursos legales y exigir responsabilidades a quienes hayan cometido infracciones demostradas.
La vivienda de un civil no es un botín de guerra. Una villa no queda sin dueño cuando su residente está ausente. La tierra de una familia no es una oportunidad para que otra persona se beneficie de su sufrimiento.
Si Siria aspira a lograr una recuperación estable, la protección de los derechos de propiedad debe formar parte de la reconstrucción desde el principio, y no ser una promesa aplazada hasta después de que se hayan terminado los edificios y transferido la titularidad de las tierras.
Reconstruir Siria debe significar restituir los derechos de su pueblo, no dejarlo con el temor de perder las viviendas y las tierras a las que espera regresar.